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El reto de redistribuir espacios urbanos

 

El equipo de MOBILIS impulsó la primera semana de junio un conversatorio sobre movilidad, seguridad, flujo vial y los retos de recuperar espacios urbanos. Gracias a la visita del  Ing. William Vallejo,  especialista colombiano con amplia trayectoria en movilidad sostenible en diferentes ciudades del mundo tales como Nueva York y la ciudad de Bogotá, donde actualmente asesora al Director del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), pudimos intercambiar criterios en un diálogo estimulante. El encuentro se realizó en las oficinas de
Management Sciences for Health (MSH Perú) que ofreció gentilmente su auditorio.

Las fotos se suceden velozmente como imágenes de una película conocida: todas las ciudades de la región fueron diseñadas y construidas por arquitectos e ingenieros pensando en cómo garantizar vías con mayor capacidad de servicio para el flujo vehicular. El reto desde finales del S.XX y en el presente siglo es transformarlas para recuperar las ciudades para la gente. Vallejo apunta a un mapa y dispara: "necesitamos ciclovías para llevar las bicicletas al parque o no habrá uso de estas áreas", aludiendo con cierto enfado a lo absurdo que resulta mantener segregados (por grandes avenidas para los autos) dos elementos que se combinan perfectamente.

En nuestras ciudades "hay un exceso de espacio que está dirigido al sector automotriz", concluye tajante y lanza las preguntas que todos nos hacemos sobre cómo cambiar este panorama congestionado, ineficiente e inseguro de nuestras calles. La fórmula es simple y conocida sostiene, “hay que redistribuir espacios”. No se trata de quitar ni eliminar carriles sino de minimizar la complejidad para los usuarios, de manera que tengan más seguridad al transitar por las calles y a su vez, simplificar maniobras para los conductores.

Esquivando los baches

En el barrio Dumbo (Brooklyn, NY) ocurrió un gran cambio gracias a pequeñas intervenciones de bajo costo y rápida ejecución. La imagen arriba muestra lo ocurrido y nos lleva a pensar que en nuestra ciudad hay muchas oportunidades para iniciativas similares. Se trata de intervenir “espacios muertos o saldos de terreno que la construcción de vialidades no resolvió”.

La diferencia es notable tras la intervención: áreas recuperadas, menos choques, mejores estacionamientos, tránsito más ordenado y espacio público atractivo con banquetas bajo sombrillas donde pasar la tarde conversando. La clave, sostiene el Ing. Vallejo, estuvo en cómo se presentó el proyecto al vecindario, mostrando cifras reales del incremento de ventas de los negocios tras la creación de núcleos atractores de público. Con ideas similares entre el 2006 y el 2012 se instalaron más de 50 plazas en Nueva York sin necesidad de comprar ni expropiar terrenos.

En el diálogo se interesa por un par de casos de la capital para soltar una sugerencia lógica: “la autoridad municipal debe ser flexible y apostar por intervenciones simples como pintar las calles o utilizar mobiliario urbano sencillo como separadores para segregar espacios, macetones, bolardos”. Añade que luego de la intervención es preciso “evaluar cómo evoluciona la dinámica local durante el primer año luego de concluida la obra”. Esto último en razón a que los procesos de ajuste en la conducta y hábitos del entorno suelen tomar como mínimo los primeros seis meses de modo que el monitoreo de resultados recién  ocurrirá a partir de allí.  Por supuesto que, en caso de no funcionar lo previamente planificado, debe devolverse la calle a su estado original. De allí que esta técnica de intervenciones de bajo costo usa piezas reutilizables (pintura, bolardos y maceteros) que evitan incurrir en grandes pérdidas. “Si no funciona como se espera, se ajusta; se debe ajustar varias veces y no rendirse al primer percance", sostuvo el especialista.

Luego continúa reflexionando sobre los elementos indispensables para contar con calles seguras y trae a colación el delicado tema del parqueo en vía pública: "Que yo haya visto, en ningún país el estacionamiento público es un derecho universal". Suelta la bomba e inmediatamente explica que no se trata sólo de cobros perdidos para la ciudad o del interés de los negocios por tener donde parquear (tanto los dueños como los clientes), sino de cambiar progresivamente los hábitos para que la calle vuelva a ser de todos y no esté invadida por los autos.

Riesgos a futuro
"En Bogotá no se suelen dejar bicicletas en las calles por los robos (…) en Nueva York el promedio es de 6 robos al día y en Holanda unos 8 (...) pero en Bogotá te la quitan mientras montas", asegura el Ing. William Vallejo con cierta incomodidad pues habla de su país. El tema de la seguridad, afirma, se soluciona cuando hay personas ocupando las calles y no sólo transitando por ellas. Para lograrlo se requieren propuestas atractivas y simples. No es necesario ni grandes ni costosas transformaciones.

Casos como la limitación de salida de autos por número de matrícula (el conocido pico y placa) puede llevar a la gente a tomar una solución que origina más problemas: comprar una motocicleta. Eso está sucediendo en Bogotá según el experto. “En otros países las aseguradoras ya dijeron basta porque hay tantos accidentes que las pólizas ya no se dan abasto”, comenta con preocupación. Y todo ello sin mencionar los niveles contaminación y ruido que éstas producen y que va en aumento.

El principal riesgo es el que más impacta: que las calles sigan iguales. Por esto el constante llamado a las autoridades para que consideren la importancia de la señalización, del buen pintado de los pasos de cebra y rampas. Colocarnos en el lugar de los otros nos permitirá ver la cantidad de mejoras que pueden efectuarse en la ciudad y así convertir el caos en oportunidades múltiples.